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Reynaldo Sietecase

Fragmentos del libro

"EL VIAJERO QUE HUYE"

CRONICAS de EDITORIAL HOMO SAPIENS



LA HORA DE LOS MURCIÉLAGOS

      La conducción zapatista se ha separado para evitar un golpe sorpresa. Se besaron por sobre los pasamontañas negros. Despacio. Midiendo cada movimiento. En estos días uno no sabe si va a volver a verse. Y es bueno besarse para decir adiós. Como las ondas del agua en un estanque cuando cae una hoja, se dispersaron. Moisés por un lado con su grupo. Marcos apurando el paso, entre media docena de compañeros. Parece una retirada y no. Es una huida hacia adelante.
      Es la hora de los murciélagos. De los animales de la tierra y el aire. Por este lado de la selva, los guerreros oscuros bajan en silencio. Listos para desgarrar a la presa. Con la paciencia de los que nada tienen que perder. Los sin casa bajan de los árboles para cazar al cazador. Caerán sobre los soldados tristes y distraídos. Alimentados de furia y resentimiento van a matar para que otros vivan. Sin pensarlo, van a morir para vivir. Todo es parte de la misma ceremonia. En México hasta la muerte da risa. No lo olvides.
      El tiempo se ha agotado. Los hombres y las mujeres murciélago salieron de las cuevas. Cinco siglos igual. El planeta avanza con su peregrinar previsible y el ojo único mira hacia occidente.
      El dios negro de la guerra viste su traje de ceniza y los mayas, o lo que queda de ellos, se lanzan a la fiesta de los huesos. Visten ropajes hechos de plumas, visten pieles de jaguar o de venado. Los rostros cubiertos con telas de la noche. "Recuerda que el rostro cubierto de negro esconde la luz y el calor que le harán falta al mundo", dijo el subcomandante que le enseñó Antonio.
      Los empachados de hambre están en marcha. El eco de sus botas retumba en el barranco. Deseo que estuvieras aquí, me escribe Ana. Guadalupe Tepeyac, Las Margaritas, San Miguel, Zinacantán, San Cristóbal, parecen el sonido que prologa un poema. Hombres que son capaces de volar. Hombres que van a la muerte en silencio. Armados de ausencia. Con mexicana modestia. En divertido desorden, con tequila y abrazos. Con tiempo para dejar palabras a los niños que quedan en las calles y que dicen orgullosos ser miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Tacos envueltitos. Saludos con la mano en alto.
      Han consultado el calendario y saben de esa fuerza que nace de lo inevitable. El cielo ha dado su mensaje de luces. Los arcos se tensan entre el follaje y las flechas se disponen a huir. Vuelven las pinturas, la bandera. El negro de Ihcalahau hablará por todos los olvidos. Por la humillación y la desdicha. Por la dictadura que impone y por la democracia que olvida.
      Del otro lado, las órdenes se gritan. Aviones, helicópteros, tanquetas. Fusiles automáticos, ametralladoras, morteros. Eficiencia, cárceles. Comida envasada como la que reparten las azafatas de Avianca en los vuelos al DF. Es la guerra de los cazadores. Uniformes verdes, cascos camuflados. Guardias interminables. Especialistas en la sangre del hermano. No hay mujeres de este lado, sólo el ruido sordo del metal.
      Están también esos tipos que no parecen mexicanos. Son las unidades antiterroristas. "Tienen cara de amargados", dijo Mercedes. Las carreteras se abarrotan de vehículos imposibles de imaginar. Suben desde el aeropuerto de Tuxla Gutiérrez hasta San Cristóbal de las Casas. Un camino bello de casi dos horas, entre el cielo demasiado bajo y las montañas que dan aquí su primer aviso.
      "Cuando era niño vi un camión grande como ese tanque", recordó Alfredo. Y el armatoste pasa por sus ojos y los soldados saludan al campesino que lleva, con su compadre, a una niña que vende pulseritas a los turistas en la puerta de la catedral de Tatic. El padre Samuel Ruiz está cansado de orar por la palabra. No come en protesta por la guerra que viene. Para que vuelva el tiempo de las palabras. Pero las frases ahora crepitan en la chimenea de su despacho. La guerra diminuta no ha cesado.
      Los hombres murciélago bajan. Son los oscuros pájaros de la noche. Zapata y su caballo. El aleteo le quita el sueño a un país que mira el espectáculo por televisión. Qué lejos queda Chiapas. Qué enorme distancia nos aqueja.
      En todos los municipios de México hay una calle importante que se llama Insurgentes. Una cantina, una pareja que dice amarse por toda la vida en un banco de plaza antigua. Varios ebrios que cantan, un miserable, un cobrador, una mujer morena y un policía. La vida debería continuar en ese ritmo imperceptible.

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TABLEROS IMAGINARIOS

      Alejandro Schultz Solari fue uno de los artistas más originales de la Argentina. Poeta, lingüista, pintor e iluminado, Xul Solar superó con creces el desafío al que se enfrenta todo creador: traducir sus mundos imaginarios en arte. Uno de sus artefactos más originales es el panajedrez o panjuego (juego universal) o panjogo (ajedrez criollo) desarrollado en la década del treinta.
      Xul utiliza como base el juego de ajedrez tradicional y le incorpora elementos propios de la astrología, la filosofía y el lenguaje. Se utiliza un tablero plano, cuadrado dividido en 13 por 13 filas de escaques claros y oscuros alternados. Estas casillas representan al mismo tiempo fracciones de tiempo, o de grado, sonidos y números en el sistema duodecimal, una tabla de multiplicación. El maestro llegó a utilizar también tableros de 13 por 12 filas como el que se encuentra en el Museo Xul Solar de Buenos Aires.
      Además de las piezas del ajedrez "histórico" utilizaba otros trebejos como los denominados bitorres y bialfiles. Se puede jugar al panajedrez con piezas normales o con fichas planas --que tienen inscripciones y signos-- lo que permite apilarlas unas sobre otras ampliando las posibilidades de la partida.
      Su amigo Jorge Luis Borges señaló que Xul modificaba el juego en forma permanente y que, a raíz de esto, no existen reglas escritas completas que permitan su juego. De todas formas, la propuesta del artista es clara: el juego era una aventura creativa que buscaba la comunicación espiritual de los adversarios con "la ventaja de que ninguno pierde y todos pueden ganar al fin".
      Cuando estuve frente al maravilloso juego que se conserva en lo que fue la casa de Xul Solar (en Laprida 1212) enseguida pensé en Bobby. El tablero pintado, las piezas con letras y dibujos. ¿Conocería esta propuesta de juego el gran maestro norteamericano?. Tal vez, en algún lugar del planeta hay recibido una vaga referencia arrimada por el maestro Miguel Naidorf, me entusiasmé.
      En 1972, seguíamos con mi amigo Pablo las partidas de ese joven irreverente como si fueran una final de fútbol. Robert James Fischer, como un esgrimista enamorado, se disponía a destronar en la fría Reykjavik al maestro ruso Boris Spassky y eso nos llenaba de gozo. Era la creación contra el técnica, el hombre contra la máquina, la imaginación contra el pragmatismo y tantas otras cosas en las que creíamos.
      Hace algunos meses, mi amigo --que vive en Londres desde hace casi una década-- me envío de regalo un libro que reúne las partidas de aquel encuentro memorable por el trono mundial de ajedrez. "Este libro fue comprado en un mercadillo de esos que solo se encuentran en la República Roja de Islington en presencia de Flavia que no entendía mi excitación pero me seguía amando". Ella trajo el libro hasta mis ojos participando del juego con pasión pero sin saber bien. Como en el panajedrez.
      Un cuarto de siglo después de aquellas partidas Fischer está en Buenos Aires. Tiene barba y apenas sonríe. No permite el contacto directo con la prensa y lo primero que hace es despotricar contra norteamericanos y rusos porque lo despojaron de los derechos de autor de varios de sus libros. Cuando se calma comienza a explicar un nuevo juego. El verdadero motivo de su visita a este país lejano donde se lo venera. Se llama Fischerrandom.
      Al comienzo de la partida sólo los peones su ubicación tradicional, es decir la segunda fila. Las otras piezas mayores (rey, dama, alfiles, caballos y torres) serán sorteados para determinar su posición en la primera fila. La ubicación será simétrica, es decir si el rey blanco se ubica por sorteo en el cuadrado a1, frente a él se coloca el rey negro en a8. Y así sucesivamente.
      Esta modalidad elimina los tratados escritos hasta ahora y evita que las computadoras invadan un territorio que hasta ahora le correspondía solo al hombre y su ingenio. De nada les servirá a las máquinas guardar en la memoria cientos de miles de variantes y aperturas. De esta manera existen 960 modalidades diferentes de iniciar una partida.
      "Considero que este ajedrez es más bello, es más puro", dijo Bobby. "Este juego reúne varios lenguajes", explicó Xul. Argumentos similares para justificar la invención de estos tableros imaginarios pensados para hombres que sueñan.

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MANDE

      Es un relato triste. El Estado ganó la batalla. Por la avenida Insurgentes los automóviles avanzan a gran velocidad. Es una vía rápida. Antes del cruce con Reforma, un grupo de niños de entre 6 y 12 años esperan que se encienda la luz roja del semáforo. Cuando el torbellino de autos se detiene, los desharrapados se plantan en la mitad de la calle y comienzan a construir una pirámide humana: los dos mayores se doblan en ele, otros dos se paran sobre sus espaldas y el más pequeño trepa hasta la cúspide y comienza a ejecutar malabarismos con tres pelotas rojas. La luz del semáforo nunca debería cambiar al verde en la avenida Insurgentes. Pero eso es imposible. Los niños recogen insultos y monedas.
      En algún lugar de la selva Lacandona el subcomandante Marcos dice: "No me lo van a creer pero mi hamaca tiene mareas. Es decir de pronto llega el mar tratando de seguir a la luna, y también de pronto se va dejando en la hamaca olor a sal y caracoles y estrellas de mar y de las otras y árboles secos y los restos de un naufragio y un pedazo de ballena y hasta un cofre de pirata viejo y enmohecido y ¿por qué no? una que otra sirena". Un barco ha encallado en la selva. A Marcos le falta tabaco para la larga travesía.
      En el zócalo del DF, una vieja llora en la catedral más grande del continente. Llora y el cristo negro, que la mira de reojo, no se inmuta. La catedral se hunde de tanta lágrima sin destino. Dicen que desaparecerá.
      "Nos chingaron". (Carlos Fuentes ya hizo esta observación en su novela La Muerte de Artemio Cruz, pero como decía mi abuela: lo que abunda no daña). Chingar es el comodín que utilizan los mexicanos en el lenguaje coloquial. Sirve para todo: "Te quiero un chingo"; "Chinga tu madre"; "Se lo llevó la chingada"; "Qué chingón"; "Te chingaron"; "Hijo de tu chingada madre" y así hasta el infinito. "Nos chingaron", me dijo una estudiante bonita, militante del Partido de la Revolución Democrática. Sí, le respondí.
      En la Iglesia de San Juan Chamula, en Chiapas, no hay bancos. El piso es de baldosa y pasto. San Juan Bautista preside el recinto. Es el dios Sol, y Cristo cumple un papel complementario. Los chamulas descienden de los mayas, visten de negro y blanco, y han puesto en las imágenes de los santos sus antiguas creencias.
      Está todo el equipo, entre los favoritos: San Agustín, San Pedro y San José. Con todo, para los setenta y cuatro mil chamulas los santos no alcanzan. Por eso cada uno fue desdoblado en mayor y menor. Así tenemos entonces un San José Mayor y un San José Menor. Cada imagen lleva colgada del cuello un espejo. Los indios dialogan con los santos, los increpan, les agradecen, les recriminan, todo de viva voz y en el antiguo idioma totzil. El espejo es un hueco donde mirar y mirarse.
      La Virgen María es la Diosa Luna. Se la ve bonita así con los colores chamulas. La Iglesia Católica permite el sincretismo en Chiapas como la única oportunidad de permanencia en el corazón de los indígenas.
      Hay miles de velas para los santos que cumplen las exigencias. El que no cumple mira como le ponen velas a su colega de al lado. Ese es el castigo para el santo remolón.
      En el interior del templo se entregan las ofrendas: huevos frescos, gallinas --que son sacrificadas allí mismo--, aguardiente (posh) y refrescos en especial Pepsi-cola que sirve para eructar y permite expulsar a los malos espíritus. Fuera de la iglesia, una cruz maya señala los puntos cardinales. Es el árbol de la vida.

      San Juan Chamula es un bastión del Partido Revolucionario Institucional, en el poder desde hace 75 años. Sorpresas te da la vida. Los médicos indígenas se llaman iloe. Realizan sus diagnósticos dentro de la iglesia y a partir de la gravedad del mal determinan las ofrendas y las oraciones. Los huevos sirven para traspasar vida nueva. Si la enfermedad es grave, el iloe la pasa al alma buena de la gallina que luego se sacrifica y se entierra. Si la dolencia no es tan grande se mata al animal y se lo come para repartir la enfermedad entre todos los comensales.
      Un curandero viejo tiene en sus brazos a una niña. Hoy es 28 de Agosto día de San Agustín. A él le pide. La niña vuela de fiebre. Cuando intento acercarme, el médico brujo me devuelve una mirada de rabia. Me retiro y le pido al dios Sol con rostro de Bautista que la pequeña sane. "Si se muere hay que preparar una fiesta", me dice Raúl, mi guía en territorio chamula y agrega: "en México hasta la muerte da risa".
      En una discusión en el bar Tavos de San Cristóbal de las Casas, con tequila de sobra, esbozo mi teoría sobre Marcos: "El subcomandante es un caballero águila, Le gusta graznar con las alas extendidas bajo el cielo sucio del sureste. Bajo el pasamontañas esconde un casco con un plumaje de plumas coloridas. No creo que tema a la muerte `al filo de obsidiana`. Fuma despacio. No pretende ser Trotsky. Se acerca a León Felipe sin saberlo. A Zapata con su furia revolucionaria. Sólo quiere un traje de plumas brillantes para conducir a su ejército triste de fantasmas. Es un guerrero bajo el sol, uno de tantos. Un caballero águila". Me pagan otra copa.
      Pascuala Tomasa Vázquez Hernández, es una india zinacanteca. Maneja el telar de cintura como una diosa. Ya sabe tejer su vestido de novia, condición indispensable en Zinacantán, para contraer matrimonio. Usa cintas rosas para contener su cabello negro en larguísimas trenzas. En las últimas elecciones fue candidata a diputada por el cuarto distrito federal por el Partido Verde Ecologista. "Perdimos", me dice como toda explicación y vuelve los ojos al telar.
      Los zinacantecos también descienden de los mayas, son orgullosos y mantienen --a diferencia de sus vecinos chamulas-- una distancia respetuosa con el visitante. No mendigan y lucen con convicción sus trajes de colores rojizos. "Zinacantán ha prosperado", asegura Pascuala.
      El 60 por ciento de los casi tres millones y medio de habitantes de Chiapas son indígenas. Este Estado tiene el primer lugar en las estadísticas de analfabetismo en México. Sólo el 19 por ciento de la población ocupada recibe salario. El 75 por ciento de la propiedad en Chiapas es privada. Un tercio de la población no tiene luz eléctrica. La mitad de las casas tienen piso de tierra y la mayoría de la población vive hacinada.
      Chiapas tiene uno de los más altos niveles de desnutrición del país, pero ocupa el primer lugar en la producción de café y el tercero en la de maíz. Ocupa el primer lugar en la generación de energía eléctrica, pero en el 60 por ciento de las viviendas se consume carbón leña.
      Cuando se interroga o se llama a un mexicano --obispo o diputado, obrero o doctor, indígena o campesino-- la respuesta es "mande".

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