junio de 1997
Nro 2

PARTICIPAN EN ESTE NUMERO:

Jorge Alonso - Juan Carlos Muñiz - Heloísa Primavera - Roberto Meier (h) - Graciela Scheines - Luis Frontera - Juan Ignacio Prola - Alicia Bussetti - Alejandro Sarbach - Fabián Vernetti - Enrique Pérez

ILUSTRACIONES Y DIBUJO DE TAPA:

    Roberto Capdevila

     

Ser o No Ser

SER O NO SER:
Libertad o Normatividad

INDICE

  • EDITORIAL
  • LOTE
    por Fabián Vernetti
  • Los Límites
      
    por Roberto Meier (h)
  • Ombligos y Medianeras
    por Juan Carlos Muñiz
  • Jugando a la Casita
    por Graciela Scheines
  • Creadores Creados
          
    por Alicia Bussetti
  • La Libertad como Pregunta de Exámen
    por Alejandro Sarbach
  • Las Fronteras del Universo
    por Juan Ignacio Prola
  • El Mito del Orgasmo Democrático
    por Luis Frontera
  • Ser y No Ser
    por Heloísa Primavera
  • Poco más puede uno
    por Jorge Alonso
  • Suplemento Especial:
          POEMAS
    de   Enrique Pérez
                      Ilustrado por   Roberto Capdevila
  • Últimas Palabras
    de   Darcy Ribeiro

  • EDITORIAL

        Según los mitos hebreos y griegos, la historia humana comenzó con un acto de desobediencia. Adán y Eva vivían en el Jardín del Edén; eran parte de la naturaleza, pero no la trascendían. Estaban en la naturaleza como el feto en el útero materno. Eran humanos, pero al mismo tiempo no lo eran. Todo eso cambió cuando desobedecieron una orden. El “pecado original” hace que se rompan los vínculos con la naturaleza y se corta para siempre el cordón umbilical con la tierra-madre. El acto de desobediencia liberó a Adán y Eva y les abrió los ojos, se reconocieron como extraños, y al mundo exterior como extraño y hostil. A partir de ese momento dejaron la naturaleza y se transformaron en individuos concientes de la vida y la muerte. El “pecado original”, entonces, lejos de corromper al hombre, lo liberó, fue el comienzo de la historia.
          También en el mito griego de Prometeo, la civilización humana se funda con un acto de desobediencia. Prometeo, al robar el fuego de los dioses, dio el primer paso como hombre. No habría historia humana sin el “crimen” de Prometeo. El, como Adán y Eva, es castigado por su desobediencia. Pero no se arrepiente ni pide perdón. Por el contrario, dice: “prefiero estar encadenado a esta roca, antes que ser esclavo de los dioses”.
          El desarrollo humano —aún cuando sabemos que puede discutirse el concepto de desarrollo y evolución— sólo fue posible porque hubo hombres que se atrevieron a decir no a cualquier poder que fuera, sólo en nombre de su conciencia y de su fe. Pero los tiempos cambian, y los dioses también. Si la conciencia es una intención humana que expresa, por un lado, la voz internalizada de una autoridad a la que estamos ansiosos de complacer y temerosos de desagradar (Freud dixit); y por otro, una voz singular, independiente de sanciones y recompensas externas (Fromm dixit); entonces, a juzgar por lo que ocurre, estos son tiempos en que la conciencia —posmodernidad mediante— ha cedido lugar a la voz internalizada de la autoridad (del poder) bajo el disfraz de una elección personal.
           Y uno podría suponer que cuando Nietzsche anunció la muerte de Dios se olvidó de decir que en la sala de al lado se preparaban para velar los restos mortales de Prometeo. En 1882 Nietzsche anotaba en el manuscrito de La Gaya Ciencia aquellas célebres palabras: “¿Adónde se ha ido Dios? ¡Yo os lo diré! ¡Le hemos dado muerte! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! ! Ahora, 114 años después, nosotros, emulando sus palabras, pero careciendo por completo de su celebridad, podríamos completar, diciendo: ¿A dónde se ha ido Prometeo? ¡Yo se los diré! ¡Le hemos dado muerte! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! Una nueva muerte nos embarga el alma. Prometeo ha muerto, y algo nuestro ha muerto con él. Las órdenes y prohibiciones se disimulan en el ancho mar del silencio que acordamos y nos encubre. Ahora no hace falta un buitre que todas las mañanas hunda el pico en la sangre caliente de ningún hígado rebelde. Ya nadie roba fuego, ya nadie mira con desconfianza los poderes de los titanes, ya nadie habla de cosas imposibles, ya nadie sueña con desafiar al mar, ya nadie. ¿Qué carroza es capaz de acompañar semejante muerte? ¿En qué galaxia hallará descanso tanto alma en pena? ¿Quién es capaz ahora de calmar la sangre de esa herida prodigada a lo largo de todo el universo? ¿Quién puede ofrecernos tanto perdón?
          Sólo una cosa más puede socorrernos. Afortunadamente el mundo no termina con nosotros. La primavera aún porfía con su vieja costumbre de pintar árboles en setiembre. Viene gente joven. Ese es un buen norte. Y sería bueno morirse de risa un viernes a la noche, declarar asueto este lunes universal, levantarle las polleras a la vida y, suavemente, hacer lo que hay que hacer.

    revista lote   Nos preguntaron varias veces si no teníamos miedo a fracasar como lo habían hecho Expresión y El Perseguidor. Y si bien resulta un tanto absurdo —por ser benévolos— hablar de fracaso cuando algo está naciendo, aclaramos: fracaso y victoria, como varias veces se dijo, son dos imposturas; no puede haber fracaso donde hubo intento de hacer algo. En todo caso, como todo en la vida, cumplieron su ciclo. Y decimos, sin esos antecedentes nuestros pasos serían diferentes, serían primeros pasos. La Revista LOTE, toma la posta de esos proyectos y continúa hasta tanto sea posible, sin que nos desvele el final. La muerte, como sabemos, es parte de la vida.
          La Revista LOTE, pretender honrar con sus páginas el entusiasmo y compromiso que desde Luz (Movimiento Pro-Arte y Cultura), pasando por la Biblioteca Popular Florentino Ameghino y La Facultad Libre de Venado Tuerto, conjuntamente con experiencias como las del Galpón de Arte, han forjado una historia de la que podemos sentirnos orgullosos herederos. La Revista LOTE, continúa esa tarea y se declara, como todas ellas: experimento social, en el que lo más importante, lo primitivo, lo impostergable son las oportunidades de relación directa entre las personas, los núcleos afectivos o creativos que puedan establecerse. Recordar, en todo caso, que lo que nos reúne es, quizá, el mismo tema que desde siempre nos aqueja: nuestra condición humana, el delicado asunto de la vida.” (Facultad Libre de Venado Tuerto. Discurso Inauguración ciclo lectivo 1991)
          Nos ha tocado, también, tener que explicar nuestra revista. Y por lo general, cuando se habla de cultura, la norma indica imaginar esa especie de nube gaseosa que integran “individuos especiales”, profesiones improductivas, y el conjunto de artes que “sirven” para recrearnos o hacernos más amenos los ratos libres. No es sencillo desandar ese camino —por cierto nada inocente—. Pero no es la condescendencia la que nos reúne. Nos une el placer de hacer algo que nos gusta, y la porfía de pensar que la disyunción, por ejemplo, entre filosofía y vida cotidiana es un precio demasiado alto que pagamos con nuestros cuerpos demudados. En esa pérdida, que duele hondo, se encuentra el motor de este sistema. Por todo eso, y porque es justo hacer uso de nuestro derecho al pataleo, pensamos y comunicamos que, de a poco, y aún a riesgo del ridículo, el desaire o el descontento, trataremos, en la medida de nuestras posibilidades de desacralizar la cultura e integrar todo aquellos “sub-géneros” que andan por ahí, sueltos, desmembrados del cuerpo original: niños y seriedad, arte y trabajo, pensamiento y productividad, economía y cultura, juego y adultez. ¤