setiembre de 1997
Nro 5

PARTICIPAN EN ESTE NUMERO:

Silvana Simonasi - Sergio Rodríguez - Horacio González - Daniel Lesnaberes - Fabián Mosenson -  Leonardo Sacco - Juan Ignacio Prola - Gladys Nirich - Pablo Sevilla ( entrevista con Héctor Schmucler ) - 

ILUSTRACIONES Y DIBUJO DE TAPA:

    Mónica Coda

Tapa (versión gráfica)

Vivir en Capitalismo (II)

INDICE

  • EDITORIAL
  • Entrevista con Héctor Schmucler
    por Pablo Sevilla
  • La Libertad de Elegir
    por Silvana Simonasi
  • Vivir en Capitalismo
    por Daniel Lesnaberes
  • El Costo y la Gratuidad
    por Horacio González
  • Costo y Beneficio del Capitalismo Salvaje
    por Sergio Rodríguez
  • ¿Panacea Universal o Máquina Infernal?
    por Fabián Mosenson

          
  • Capitalismo: Desigualdad en el costo... y en sus beneficios
    por Leonardo Sacco
  • Suplemento Especial:
    POEMAS  DE
     
    GLADYS NIRICH
     
    Ilustrados
    por   Mónica Coda 
  • ÚltimasPalabras
    de Homero Expósito

  • EDITORIAL

         Vivir en Capitalismo: costo-beneficio ( II

          Existe todo un país que no deja de sufrir vidas a las que sólo se tiene acceso como ausencia, como deuda, como la vergüenza fundante de este presente que se extiende unívoco sobre nosotros como un inmenso lunes en el que sólo son nuestras las obligaciones. 
          Pero nosotros, los que reconocemos a esta tierra por el olor y el árido silencio de las noches, los que adquieren el conocimiento de la levedad humana frente al cielo abierto de la planicie; nosotros, los que caminamos por calles que llevan el apellido de gente que conocemos, los que hemos llenado con nuestro amor las plazas, decimos que nos hemos ganado el derecho a conocer nuestra historia, a saber la sumatoria y la supresión de qué voluntades constituyeron el campo político en el que se construye lo más singular de nuestras vidas. 

           Giselle, Oscar, Alejandro, Juan Carlos, Roberto, Daniel, Enrique. Para cualquiera en el mundo la junta de esos siete nombres puede remitir a la formación de un equipo de juego, a una rueda de socios, o a una lista de invitados. Y está bien, no tiene por qué ser otra cosa para nadie que no sepa la procedencia de esos nombres. Pero sucede que tales nombres, agrupados o combinados entre sí, para nosotros, en este remoto lugar del mundo, exceden largamente la función de nombrar a un puñado de personas, son la conjura de un tiempo empeñado en volver sólo como herida. Ellos son Giselle Dubois, Oscar Estellés, Alejandro Sarbach, Juan Carlos Muñiz, Roberto Meier, Daniel Lesnaberes y Enrique Záttara, nuestra propia diáspora, el campo de batalla en el que se jugó un destino común. Ellos iban juntos a la escuela y tenían entre catorce y dieciséis años en el ´73. Ellos nacieron demasiado temprano como para no saber que el mundo podía ser diferente, y se les nota en la cara. Ellos fueron generosos a la hora de soñar y fue suficiente, no hizo falta otra cosa, a partir de ellos, nosotros, los amenazados en plural, sabríamos para siempre que soñar es perjudicial para la salud. 
           Pero sucede que están vivos. Ni las infinitas latitudes fueron un impedimento para que se encuentren y se reconozcan. Algunos por Internet, desde una lejana Barcelona, otros viajando desde Buenos Aires para visitar a los que quedaron, no han perdido nada de aquella vitalidad original que les andaba en los ojos y que los hizo tan amables. ¿Te acordás cuando jugábamos a la pelota en el baldío de la calle Rúnciman y Alberdi, donde hoy está el Colegio Nacional? ¿Te acordás la ropa y los peinados que usábamos? ¿Te acordás de los Beatles y de Leo Dan? No perdieron ni un ápice de su inteligencia y de sus anhelos sociales. ¿Viste cómo está todo? Tengo una idea para que charlemos. ¿Cuándo tomamos un café juntos? Vuelven y aquello que estaba predestinado al desencuentro, está unido, está entre nosotros. Era la carta que tenían los dioses en la manga. Ahora ya no hay "fuga de cerebros", ellos vienen por las asignaturas pendientes, a hacer que la historia, simplemente, cumpla con su costumbre de pasar la posta a los que vienen atrás. 

           La presencia de cada uno de estos nombres, como el de tantos otros que sin escribir, leyendo, se encuentran en las páginas de la  Revista Lote, exceden largamente la tinta y el papel. Es eso que le ocurre a usted cuando tiene la revista entre las manos y siente que algo inasible lo merodea.         ¤Revista Lote