Revista Lote Nro. 8

    INSURREXIT
    Revista Universitaria
    (1920-1921)

    por Horacio Tarcus

          Horacio Tarcus, el coleccionista más importante de revistas culturales de la Argentina, presenta en esta sección una publicación legendaria, Insurrexit, de la que aún no se han encontrado ninguna colección completa. La pasión de Horacio Tarcus la rescata de las brumas del tiempo y del efímero destino a las que parecen signadas las revistas culturales en este país.

          InsurrexitInsurrexit pertenece hoy más al orden del mito que al de la historia. Por las referencias que encontramos en otras fuentes de la época, así como por las personalidades que pasaron por sus páginas (Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni, Horacio Quiroga), puede inferirse que no pasó inadvertida a sus contemporáneos. Incluso su nombre fue retomado por otro grupo, más de una década después, homenaje que, por otra parte, contribuyó a hacer todavía más confusa la historia. No faltan, pues, autores que confunden la primera Insurrexit (1920-1921), un emprendimiento independiente, de cuño marxista libertario, con la segunda Insurrexit (1933-1935), en verdad un periódico más que una revista, que fue vocero de los universitarios comunistas (y sus compañeros de ruta), e inspirada por Héctor P. Agosti. El mayor registro de publicaciones periódicas de carácter cultural (Héctor R. Lafleur/Sergio Provenzano/Fernando P. Alonso, Las revistas literarias argentinas. 1893-1967, Buenos Aires, CEAL, 1968) ni siquiera menciona a Insurrexit, mientras que el trabajo más documentado de historia del movimiento estudiantil en la Argentina (A. Ciria/H. Sanguinetti, Los reformistas, Buenos Aires, J. Alvarez, 1968) menciona brevemente al grupo editor de la revista, reconociendo que la bibliografía al respecto "es escasa". Y, para peor, confunde figuras de la segunda Insurrexit (como Angel Hurtado de Mendoza y Paulino González Alberdi) con la primera.
          Pero no es tarea sencilla disipar las brumas que se ciernen sobre Insurrexit. Primer y principal obstáculo: todavía no ha podido reconstruirse una colección completa. Segundo: hasta donde sabemos, ninguno de sus mentores vive todavía. Tercero: algunos de ellos, que vivieron hasta hace unos pocos años, no querían recordar el radicalismo de sus ardores juveniles (1). De modo que el autor estará sumamente agradecido a todo aquel que –partícipe, descendiente, coleccionista o investigador— pueda proporcionarle cualquier información sumplementaria.

    Entre Marx y Kropotkin

          En junio de 1918 estallaba en Córdoba la Reforma Universitaria. Una maniobra en la asamblea del Consejo de la Universidad de Córdoba desemboca en la designación como rector de un hombre de la asociación clerical antirreformista "Corda Frates". La barra estudiantil, sintiéndose traicionada, desaloja el salón, impidiendo que se consume el acto, y declara la huelga general (Ciria/Sanguinetti). La Federación Universitaria de esa provincia lanza entonces el Manifiesto Liminar, debido a la prosa lírica y vigorosa de Deodoro Roca: "Hombres de una República libre, acabamos de comper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana". La ola reformista se extiende inmediatamente a las Universidades de Buenos Aires y La Plata, se irradia por todo el país y luego por el continente.
          A escasos seis meses, había estallado la revolución socialista en Rusia y parecía expandirse hacia el resto de Europa. La fracción internacionalista del Partido Socialista iba a fundar lo que poco después iba a llamarse Partido Comunista de la Argentina. Entre los intelectuales radicalizados, emerge la figura de José Ingenieros, respaldando a los jóvenes reformistas y señalándoles el camino abierto por los "maximalistas rusos". Entre los sectores izquierdistas del estudiantado emerge un fermento libertario, donde caben y se entrecruzan Reforma Universitaria y revolución social, clasismo y juvenilismo, socialismo y antiimperialismo, cientificismo y romanticismo, Lenin y Kropotkin, Henri Barbusse y Almafuerte, Ingenieros y Lugones. Insurrexit, vocero del ala más declaradamente izquierdista de la Reforma Universitaria, está animada por este espíritu, propio de fines de la década del 10 y principios de la del 20 (a fines de esta década, dicho universo habrá estallado: el reformismo universitario, incapaz de darse una expresión política, sufrirá un importante retroceso; el amplio arco de apoyo a la experiencia soviética, por su parte, se encorsetará cada vez más dentro del "marxismo-leninismo", quedando fuera desde entonces la vocación romántica y los anhelos libertarios).
          El primer número de Insurrexit. Revista Universitaria apareció el 8 de setiembre de 1920, con un dibujo de tapa del artista de origen italiano Guillermo Cantalamessa, cargado de simbolismo de inspiración iluminista, definido páginas adentro por los propios editores en términos de "un despertar alado, cuando no lejos, se va levantando el sol" (una suerte de versión beatífica del Angelus novus benjaminiano). Según su editorial, el nombre viene del latín, insurgo, y su sonoridad les sugiere "la presencia de una rebeldía reflexiva, seria, decisiva", donde "palpita la impaciencia" y estalla la pasión... En la primera página, el rosarino Francisco Piñero, estudiante de abogacía en la recién creada Universidad del Litoral, cuestiona el viejo derecho. Una encuesta interroga a Leopoldo Lugones, por un lado, y a Alfredo Palacios, por otro. De la ingenuidad de su formulación puede inferirse el ideario del grupo editor: "¿cuál es la actitud que deben asumir los estudiantes frente a la actual situación social?"; "¿cree Ud. en la eficacia revolucionaria del parlamento argentino?"; "¿qué consecuencias traería para el mundo, en su concepto, el triunfo de los bolsheviquis (sic) sobre Polonia?".
          En una página, Carlos Lamberti, estudiante de medicina, presenta las nociones elementales de la teoría marxista, mientras la siguiente reproduce breves frases de Rafael Barret y de Kropotkin. Eduardo González Lanuza publicó allí los sonetos de los que no quería acordarse medio siglo después: "Sé optimismta ante el pájaro que canta/[...]/Y ante el triunfo de las alboradas/porque a despecho de los Torquemadas/La verdad se abre paso por el mundo". Breves recuadros buscan interpelar la conciencia social de los jóvenes: "Estudiante: usted va a formar el mundo del mañana. Lea las nuevas teorías sociales y medite. ¡Medite!".
          El espíritu de la revista se mueve entre el comunismo anárquico y el marxismo libertario. Donde cabe, incluso, un leninismo leído en clave libertaria, antiparlamentarista y consejista. Recordemos que, especialmente en sus primeros años, la experiencia soviética atrajo la atención de las corrientes anarquistas. El compromiso crítico de los anarquistas con la Unión Soviética concluye en 1921 (aplastamiento del movimiento machnovista, insurrección de Kronstadt), pero importantes núcleos libertarios en todo el mundo siguen con expectación la experiencia del país de los soviets. Los jóvenes del "Grupo Insurrexit" se mueven dentro de este espectro, sin adherir por el momento al recién creado partido Socialista Internacional (más tarde PCA). Publican, por ejemplo, una autocrítica del anarquista norteamericano Robert Minor, "Mi opinión ha variado" (nº 4, 5 y 6), que llama a comprender mejor y a apoyar a la Rusia de los Soviets. Su referente internacional más claro es un grupo de intelectuales, el Grupo Clarité (Claridad), que desde París inspiran los escritores Henri Barbusse y Romain Rolland, y cuyo lema era: "Hagamos la revolución previamente en los espíritus". Del campo intelectual local, Insurrexit mantiene relaciones fraternales con Quasimodo, la revista que dirige el intelectual anarquista Julio R. Barcos, y, del otro lado de la cordillera, con Juventud, el órgano de la Federación de Estudiantes de Chile.
          En tanto "Grupo universitario" y "Revista universitaria", Insurrexit informa y toma posición ante los conflictos estudiantiles. Animada por jóvenes universitarios, su "misión" parece dictada por la necesidad de comprometer a la juventud con la "cuestión social", de promover la "unidad obrero-estudiantil": "¿Qué es cada uno de ustedes? Vamos a ver. Un traje entallado, un zapato Walk-Over, una corbata, otras chucherías... Todo a cargo de papá o mamá. [...] Compañeros universitarios, que hacen caso al vigilante y a la historia, ‘liguistas’, nacionalistas, futuros médicos, abogados, ingenieros, filósofos, aspirantes a oficiales de reserva, dirigentes futuros, escuchen, al abrirse de nuevo las facultades, nuestra palabra: ¡Viva la revolución rusa! ¡Viva la revolución social! ¡Viva el comunismo!" ("La Universidad", editorial del nº 7, marzo 1921). Interpelaciones semejantes a los estudiantes dirigen en sucesivos números Hipólito Etchebehre, Nicolás Olivari, Carlos Machiavello, Francisco Piñero y Julio R. Barcos.
          Otros temas recurrentes de la revista son las realizaciones sociales de la URSS; la literatura social (Barbusse y Rolland, Almafuerte y Rafael Barret, los sonetos de González Lanuza...) y, finalmente, la situación social y política argentina (Leónidas Barletta propone una central sindical única, Micaela Feldman defiende a las mujeres trabajadoras de las sufragistas, una nota anónima informa sobre el congreso socialista "tercerista", otra sobre la celebración del lº de mayo...).
          Pero estos jóvenes universitarios parecen haberse atraído la simpatía de algunos hombres y mujeres de la generación anterior. Hemos dicho que Lugones y Palacios responden a su encuesta. Además, muchos escritores ceden sus originales a pedido de los jóvenes: Arturo Capdevila publica "La tierra", una crítica de la propiedad privada; Alfonsina Storni reflexiona "En la encrucijada" de la civilización moderna (nº 4), Herminia Brumana anticipa una serie de relatos, que llama "Chafalonías" (nº 7) y Horacio Quiroga envía un alegato contra la guerra (nº 9). En el nº 7 se da a conocer también una carta que les envía desde Francia Henri Barbusse: "Mis compañeros de París, de otras partes, y yo, estamos, absolutamente, de corazón y de espíritu con ustedes".

    El "Grupo Insurrexit"

          Si poco se sabe de la revista, más misterioso aún es el grupo editor. Fiel a su programa, la revista no tenía director. Un aviso advertía: "Se responsabilizan absolutamente de ella, cada uno y todos los del grupo". Su fundación se confunde con el lanzamiento de la revista (setiembre de 1920), y es el resultado de los vínculos establecidos entre diversos grupos de estudiantes, tanto en Buenos Aires como en Rosario:

    • — de la escuela industrial provienen: los españoles Angel López y Eduardo González Lanuza, Armando Gervaso, José Paniale, Hipólito Etchebehere y los entonces estudiantes de arquitectura Alberto Astudillo y Carlos Machiavello;
    • — Carlos Lamberti y Julio A. Barrera son entonces estudiantes de medicina en la Universidad de Buenos Aires; Héctor Raurich y Bulnes son estudiantes de derecho de la misma Universidad;
    • — los estudiantes de derecho en la Universidad del Litoral, Francisco Piñero y Francisco Rinesi, que toman contacto con Micaela Feldman, estudiante de odontología, todos rosarinos;
    • — también participan de las reuniones otros estudiantes y escritores: Juan Antonio Solari, Leónidas Barletta, R. A. Marty, Muñoz Lozano, Santiago Talía, Julia Vitale, Ana Patrón...

          El grupo se reúne en asamblea todos los sábados por la noche en el local de la Federación de Empleados de Comercio, Suipacha 74 de la Capital. De las reuniones participan a menudo el futuro lingüista Angel Rosenblat, la maestra y narradora Herminia Brumana, y el joven peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, exiliado en Buenos Aires. La revista es financiada a través de la actividad del grupo, con la ayuda de Carolina Gómez Cabrera, tía de Francisco Piñero, pero convertida entonces en "la tía del Grupo Insurrexit". En las reuniones se debaten cuestiones políticas, se planifica la revista y se organizan charlas y cursos para dictar en ateneos y sindicatos. Los días domingo un grupo de lectura vuelve a reunirse en Suipacha 74, para leer colectivamente El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Federico Engels.
         Nada sabemos sobre la disolución del grupo. Lo cierto es que en los primeros '20 los caminos de muchos de sus miembros se han abierto. González Lanuza y Pancho Piñero se orientarán hacia la literatura de vanguardia: editarán la revista mural Prisma y luego Proa. Piñero muere en seguida, a los 23 años de edad. Bulnes y Rinesi harán carreras exitosas y llegarán a jueces. Juan Antonio Solari no tardará en volver al Partido Socialista, del que será dirigente. El dramaturgo y periodista Leónidas Barletta será durante décadas compañero de ruta del comunismo. Pero parte del grupo sigue el derrotero izquierdista radical: en 1924 Hipólito Etchebehre, Micaela Feldman, Alberto Astudillo, Héctor Raurich y José Paniale ingresarán al PC. La experiencia será breve: formarán la primera fracción izquierdista que después de romper filas con el comunismo, editará el periódico La chispa (1926-1929). Los "chispistas" Raurich y Paniale animarán las formaciones políticas y culturales trotskistas de los años 30. Hipólito Etchebehre y su compañera Mica Feldman se verán llevados por los vientos de la revolución y contrarrevolución mundiales: Berlín en 1932, hasta el ascenso de Hitler; París entre 1933 y 1935; Madrid en 1936, con el estallido de la guerra civil española. El encontró la muerte en el frente, en Sigüenza, combatiendo en la columna del POUM. Mica permaneció en el frente como enfermera, hasta terminada la guerra, en 1939. Escapó a París, donde participó en la lucha clandestina antifascista por la liberación. Murió en esa ciudad, nonagenaria, a fines de 1992.

      (1) En los años 70, el poeta y crítico Eduardo González Lanuza, por entonces colaborador habitual del suplemento literario de La Nación, se negó rotundamente a recordar esa experiencia ante los requierimientos de Emilio Corbière. Fue Corbière el primero que se interesó por Insurrexit, pero la dificultad del acceso a las fuentes le impidió concluir su investigación. A su generosidad debo las copias del nº 9 de Insurrexit y de la carta que le dirigió Micaela Feldman (originales en la Fundación Juan B. Justo). Las copias de los otros ejemplares de la revista las debo a la generosidad del Lic. Fernando Rodríguez.

       

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