Revista Lote Nro. 15


NO DEBEMOS SUBALTERNIZAR LO NUESTRO

Por Roberto Landaburu

Primera Intervención

El responsable de que esté acá es el Ñoti que me invitó, como creo que todos nosotros. Realmente no sé si estoy preparado para hablar de cultura específicamente, porque siempre ha sido una duda para mí, pero me complace enormemente lo que he escuchado. Para mí la cultura, en mi experiencia personal despojada de toda erudición, y recordando lo que decía Pablo (Sevilla), para mí es la memoria, para mí la cultura es mi abuela paterna; yo me crié en los campos con ella, ella era vasca y en aquellos tiempos no había televisión, se escuchaban mucho los relatos de los viejos. Como buena vasca ella quería mucho la tierra donde había nacido y yo después de los años me doy cuenta que me transmitió, con esa técnica que se remonta al principio de los tiempos, la cultura ancestral de la memoria. Yo nací en Argentina, ella me hablaba de su tierra y a mí me interesaba la mía, por eso empecé a interesarme por la tierra en la que había nacido, ahí empecé a descubrir cosas, a escribir, a leer. Considero que todo lo que uno recibe en formación, a través de la memoria y la vivencia, forma el acerbo cultural propio que se integra al acerbo cultural conjunto y en este caso es el nuestro: el regional y argentino, y se integra en forma de memoria, de sentires y de sueños, porque todo tiende a proyectarse; por eso considero que muchas veces la cultura no tiene nada que ver con la educación ni con el arte, son todas expresiones del espíritu. Yo recuerdo al indio Calvaín cuando va Baigorria a decirle que desalojen los territorios de la pampa y él le contesta "hermano, ¿cómo me venís a sacar?". Era una persona sin ninguna educación y sin embargo no tengo dudas que era un culto, tenía la cultura de su pueblo, de su raza, dijo: "¿cómo me voy a ir de estas tierras si aquí tengo enterrados a mis padres y por eso es tierra sagrada?" Estaba señalando un hecho de profundidad cultural como ninguno, era una persona con muy poca educación pero con una cultura que venía heredada, transmitida, cosechada. Considero que todo pueblo tiene una cultura y ésta es sensible al proceso de a-culturación, es sensible a los procesos de deformación, lo importante es conocerla, saber que esta cultura es nuestra y proyectarla.

En Argentina podemos hablar que hay culturas distintas, una cultura del interior y otra de Buenos Aires; tal vez haya una cultura más parecida entre Nueva York, Tokio y Buenos Aires que con la del interior. Venado Tuerto es un caso típico de ciudad intermedia, el mundo habla de los procesos de regionalización económica y, en este caso, cultural pasa por las ciudades intermedias, que son contenedoras y propulsoras.

De un tiempo a esta parte me sorprende el auge cultural que tiene esta ciudad, me sorprende y me impacta porque no tengo dudas de que no es comparable con Rosario u otros lugares, tiene una dinámica propia que se retroalimenta, no sé las causas profundas, puedo aventurar algunas, pero esto es fantástico.

No dudo que Venado Tuerto es un polo de desarrollo, porque las expresiones culturales que hay en Venado Tuerto y la zona de influencia es fantástico, no dudo que Venado Tuerto es el polo geográfico que tiene que encabezar este proceso cultural. Considero importante que la parte cultural óno la educativa, no el arte que es más abarcativo y globalizante, con un sentido más universaló tiene un sentido de pertenencia que debe proyectarse, creo que nuestro gran desafío es entrar en la globalización con un proceso cultural adquirido, definido y comprendido por nosotros a través de la memoria, tenemos que recurrir a la memoria para saber de dónde somos y entonces no hay ningún problema para entrar en un proceso de globalización, en muchos aspectos pero básicamente en el cultural. No debemos subalternizar lo nuestro, debemos proponer una definición de conocimiento profundo de lo nuestro para luego avanzar.¤