julio 1999
Nro 25
PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO:

 James Petras - Nicolás Casullo - Héctor Schmucler - León Rozitchner - Hebe de Bonafini - Ricardo Forster - Horacio Gonzáles - Fabián Vernetti - Rodolfo Aldasoro - Vilma Simioni - Pablo Sevilla - Patricia Zanini 

  • Arte de Tapa:

  • IDEA  Néstor García 
    FOTO  Pucho Gómez 
    PRODUCCIÓN Carolina Correa Llobet

INDICE


  • EDITORIAL

  • Contra la democracia – N. de la R.
    Las flores del mal – Nota Editorial
  • CORREO DE ELECTRONES

  • Democracia y poder político – James Petras
    La querella cancelada – Nicolás Casullo
    Los abusos de la democracia y 
             el dominio de la técnica – Héctor Schmucler
  • SUPLEMENTO – SALA DE PROFESORES N° 6

  • La democracia como tregua – León Rozitchner
    Pura mentira – Hebe de Bonafini
    Adversus Tolerancia – Ricardo Forster
    Democracia: Un antropomorfismo – Horacio González
  • CIUDAD OCULTA 

  • El barrio fantasma – Fabián Vernetti
  • POR AQUÍ PASARON

  • El cineasta cantor – Rodolfo Aldasoro
  • NOTICIAS DEL MUNDO

  • Del Normal a la cocina – Vilma Simioni
  • VIDAS PARALELAS

  • Pablo Sevilla – Patricia Zanini



EDITORIAL

 
 
CONTRA LA DEMOCRACIA
N. de la R.

  La proximidad de un nuevo acto eleccionario y la posibilidad de ejercer el intransferible derecho a elegir nuestros gobernantes para un nuevo período de gobierno, es un ejercicio que supone algo de celebración nacional, pero la oportunidad de ejercitar el más noble de los derechos ciudadanos y la insistente apelación a nuestra “sensatez” y “buena conciencia” por parte de “desprendidos” postulantes, también nos invita a hacer una pausa para la reflexión, algo así como un balance que desde el interior de cada uno no puede menos que interrogarse por esa ritualidad que vuelve a repetirse y que vista en perspectiva, en más de un caso, bien podría tratarse de un profundo acto de contrición.
 Pero más allá del hecho puntual del acto eleccionario, y en vista de la abrumadora elocuencia que estas democracias dejan en evidencia como lastre en nuestros países, esto es: la perdurabilidad y profundización, por otros medios, de las políticas económicas y sociales que antes llevaron adelante prolija y orgánicamente todos los gobiernos militares de América Latina en una especie de sinfonía macabra que suministraba a diestra y siniestra toda la represión que hiciera falta, se nos impone la necesidad de hacer una reflexión profunda —aún a riesgo de ser demonizados en el intento— acerca del sistema de representación con mayor consenso del mundo moderno.
  Nos encontramos entonces con que aquello que en el mundo griego nació como promesa, hoy cumple el triste destino de perdurar tan sólo como sombría paradoja, investida de la más profundas de las cargas: la de soportar la contradicción de una existencia formal, vaciada del sustento que le daba razón de ser, impelida a continuar y resistir el paso del tiempo absorbiendo la sórdida incoherencia de representar una voluntad colectiva de individuos que son sistemáticamente excluidos y aislados de toda política social posible, considerados tan sólo como meros números sufragantes sin criterio propio. Asistimos pues, a una especie de victoriosa revolución capitalista que se ha apropiado del concepto de democracia, cuya definición más aproximada sería: “gobierno en el que es natural que el pueblo no gobierne ni decida sobre las políticas”; y por terrible que parezca, esta expresión —que por supuesto nunca se da expresamente—, es la que determina el proceder político en las democracias formales. Basta con recordar las palabras de David Rockefeller cuando un periodista le preguntó quién le convenía que ganara, si los republicanos o los demócratas, y el contestó: “no importa quien gane, porque gane quien gane, gobernaremos nosotros”. Y ese “nosotros” oculta la siniestra trama de un poder, a esta altura infinitamente más complejo que la ingenuidad con que suelen abordarlo políticos e intelectuales de izquierda, más acorde a las intrincada redes con que Foucault y Deleuze lo pensaron, asumiendo el hecho de pensar como un ensayo de rigor y riesgo en el que les iba todo. 
A diario comprobamos que los discursos, propuestas y candidatos son más parecidos que diferentes, y que atrapados en una telaraña que los supera ya no tienen permitido ni el menor juego de cintura para moverse y efectivizar políticas autónomas. Participamos de un montaje escénico en el que hacemos de cuenta que elegimos a nuestros gobernantes, mientras comprobamos que el voto obligatorio no soluciona ni por asomo los problemas más urgentes de la tercera parte de la población. Trabajo, salud, vivienda y demás necesidades son sólo enunciados demagógicos y electoralistas, desprovistos del más mínimo prurito ético. La brecha entre pobres y ricos se acrecienta día a día —titular de diario antiguo y reiterado, si lo hay—, y mientras algunos pocos viven como suizos de clase alta, millones de argentinos soportan un estándar de vida paupérrimo, propio de los países más pobres del Africa.
¿Es posible pensar una democracia real, representativa y participativa, cuando la enorme mayoría de los argentinos debemos utilizar el ciento por ciento de nuestra vitalidad en tratar de sobrevivir, cuando los niveles cualitativos de educación nos ubican por debajo del nivel de países enormemente más pobres que el nuestro, cuando quien gana la elección diciendo “A”, puede gobernar haciendo “B” sin la posibilidad de echarlo a patadas, cuando la Corte Suprema de Justicia es puesta a dedo por el Poder Ejecutivo en un flirteo casquivano abyecto y despreciable, cuando un bipartidismo fosilizado reforma las reglas de juego y adapta la estructura republicana para favorecer privilegios domésticos lastimosos, cuando desde los medios de comunicación se insiste en reducir la democracia al “soberano” acto de votar, cuando impunemente desde el exterior se nos imponen políticas económicas nefastas y macabras, cuando mueren 47 niños por día por causas que podrían ser evitadas? ¿Es posible una democracia en la que un neoliberalismo triunfante reduce el ámbito de la acción colectiva y fomenta —con nuestra anuencia— el desarrollo de estrategias individuales? Como dice Norbert Lerchner: “La maximización de los beneficios privados es una estrategia acorde a los criterios del mercado, pero contraria a todo tipo de compromiso colectivo”. El mercado no sólo regula las relaciones económicas, sino que permea profundamente todas las relaciones sociales, condicionando las actitudes y expectativas de la gente.
Creemos que es necesario poner en duda la eficiencia y viabilidad de un modelo que procede de un modo cada vez más mentiroso, manipulador y artero; un sistema al que normalmente se aborda desde una perspectiva populista, reduciéndolo a una cuestión política, mientras que la crisis de representatividad de la democracia participa de una crisis mucho más amplia, que afecta a todo el planeta. El poder —camaleonizado en las formas de un devenir epocal indolente e implacable— construye subjetividad, se ejerce, nos atraviesa a todos.
Por eso hemos convocados a un plantel de pensadores que, sin temor a ser demonizados (casi podríamos decir que es su metie), analizan y ponen en cuestión el fundamento mismo de lo democrático, desde luego no en un sentido faccioso, sino animados por un profundo espíritu democrático. También a Hebe de Bonafini, presidente de las Madres de Plaza de Mayo, que junto a otras 30.000 madres sepa tal vez más que nadie cuánto nos cuesta esta democracia, que en su debilidad dependiente ni siquiera fue capaz de evitar que los mayores asesinos seriales de nuestra historia caminaran impunemente junto a nosotros por las calles. Y a James Petras, sociólogo norteamericano, que nos ha hecho llegar un trabajo en inglés, especialmente para LOTE, y que traducimos en exclusivo en esta edición.
Anunciamos también el desembarco en la ciudad de Buenos Aires para el día 28 de julio, a las 20:30 hs, en el bar-centro cultural La buena medida, con una mesa redonda donde Nicolás Casullo, León Rozitchner, Ricardo Forster y Horacio González debatirán y desarrollarán el tema de este número. De este modo LOTE abre su tercer año de vida.