agosto 1999
Nro 26
PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO:

 Hugo Vázquez - Roberto Giovagnoli - Hernán Vera - Rodolfo Aldasoro - Mabel Seghetti - Néstor García - Raúl Rossetti - Carlos Barbarich - Claudia Marcaccini - Patricia Werger - Estela Lapelle

  • Arte de Tapa: 

  • FOTO  Pucho Gómez 
    PRODUCCIÓN Carolina Correa Llobet

INDICE


  • EDITORIAL

  • De cinturones y plazas públicas – N. de la R.
    El día de la dependencia – Hugo Vázquez
  • ENTREVISTA

  • El socio de Phillippe Marlow – Roberto Giovagnoli - Hernán Vera
  • POR AQUÍ PASARON 

  • El musicólogo y el decidor – Rodolfo Aldasoro
  • SUPLEMENTO – SALA DE PROFESORES N° 6

  • Lloro porque entiendo – Raúl Rossetti 
  • CIUDAD OCULTA 

  • Bar La Cambicha – Carlos Barbarich
  • SUPLEMENTO – LOTECITO N° 1

  •  



EDITORIAL

 
 
DE CINTURONES Y PLAZAS PÚBLICAS
 Por N. de la R.


    Cualquiera que se encuentre con esta revista en la mano y la compare con las dos anteriores - de 56 páginas- notará la diferencia y rápidamente se sentirá tentado a decir: "todo se achica, y la cultura también". Error. Esto que usted tiene en sus manos, lejos de ser una operación de achicamiento o un agujero más en el cinturón de la cultura, es una prudente maniobra de orden. Sucede que a lo largo de estos dos años, mes a mes, y sin que nos lo hayamos propuesto, por los avatares propios de un mensuario en continuo crecimiento, nos hemos ido atrasando uno o dos días en la salida de cada revista, al punto de que las últimas veían la calle prácticamente a mitad de mes. Pero dadas las circunstancias a las que hemos llegado, de tener cada vez más compromisos de entrega antes del cinco de cada mes, hemos optado por sacar una revista digna, pero sin grandes producciones, para ponernos al día y lograr que de ahora en más todos los principios de mes usted tenga la posibilidad de ir a buscarla a las librerías, a los kioscos o recibirla en su casa si integra la lista de suscriptos a LOTE.
   A las razones anteriores debemos sumar la grata noticia de la apertura de nuestras oficinas, en Castelli 402, donde funcionamos desde principios de julio; hecho que ha potenciado las posibilidades de trabajo, nos ha dado una mayor comodidad para funcionar y, sobre todo, nos permite contar con un espacio apropiado para recibir gente y darle el lugar que se merecen a las relaciones humanas, esas pequeñas texturas tan invisibles como sensibles que todo lo hacen posible: desde ampliar nuestros marcos de referencia hasta un sueño.
   En este número inauguramos el suplemento infantil LOTECITO, algo así como la continuidad de aquel fascinante y exitoso número 21 hecho íntegramente por niños.
   Y aunque está coordinado por las mismas docentes de entonces, Claudia Marcaccini y Patricia Werger, a las que se sumó Estela Lapelle, esta vez tiene una variante sustancial: el suplemento está hecho por chicos y para chicos. Es, pues, un espacio en el que los chicos pueden encontrarse, disfrutar, proponer y disponer de él a gusto y piaccere. Algo así como lo que han decidido hacer de un tiempo a esta parte los adolescentes de nuestra ciudad con la Plaza San Martín. Podría decirse que se trata de jóvenes que han vivido gran parte de sus vidas en democracia, y se nota.
   No tienen los prejuicios de sus mayores, no se hacen cargo de lo que no les pertenece, y deciden con un desparpajo exquisito, que muchos ya habían dado por muerto y enterrado. Para ellos, la plaza pública no es el sitio respetable, donde se llevan a cabo los solemnes y aburridos actos oficiales. A diferencia de sus mayores, ellos no están saturados interiormente por los sentimientos de terror, de debilidad, de docilidad, de resignación, de mentira, de hipocresía, de violencia, de intimidaciones, de amenazas y prohibiciones. Para ellos, la plaza pública no es una propiedad militar-castrense, a la que temen y en silencio le hacen la venia. Ellos, por lo general de bolsillo encogido, se han hecho cargo de un espacio que les pertenece y hacen uso de él con una simpleza conmovedora, diametralmente alejada de los aquelarres en los que se cocinan las trenzas del Banco Central, las jubilaciones de privilegio y las políticas de elite. Y ahí se los puede ver por cientos, mofándose del tiempo, de a grupos, con bicicletas, con termo, tomando mate, en ronda, tirados en el piso, jugando, mordiendo un pastito, riéndose descaradamente, dándose besos de lengua, proponiendo otro mundo.
   Mientras tanto, los días pasan y existe otro país, el de sus mayores, que no da para más, que está cansado. Pero en silencio, quebrado, se ajusta el cinturón, y otorga un nuevo stand by de esperanza porque no cree que esta racha vaya a durar cien años. Quién sabe, ¿no?...