febrero 2000
Nro 32
PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO:

Rodolfo Aldasoro - Vilma Simioni - Hugo Vázquez - Fabián Vernetti - Cristina Rosolio - Enrique Demarchi - Miguel Angel Caminos - Ignacio Estévez 


  • Arte de Tapa:

  • DISEÑO  Darío Delari

INDICE


  • EDITORIAL

  • Barajar y dar de nuevo - N. de la R.
  • NOTA DE TAPA

  • Dar de nuevo - Fabián Vernetti
    Puchero de palabras - Fabián Vernetti
  • SALA DE PROFESORES

  • Enseñar a leer los clásicos - Miguel Angel Caminos
    La historia de la enseñanza - Ignacio Estévez
  • NOTICIAS DEL MUNDO

  • El paraíso perdido - Vilma Simioni
  • CIUDAD OCULTA

  • Box Dei - Hugo Vázquez
  • POR AQUI PASARON

  • Italo Cossolino, el gran recordador - Rodolfo Aldasoro
  • VIDAS PARALELAS

  • Cristina Rosolio - Enrique "Mono" Demarchi



EDITORIAL

 
 
Barajar y dar de nuevo
                                N. de la R.
"Los fuegos artificiales que lanzamos al cielo,
se parecen más a bengalas desesperadas que a festejos"

Editorial Revista De Acá, 
Venado Tuerto, Enero de 2000

    Año 2000. La Argentina es una patria tirada y pisoteada en la vereda del mundo, una nación de autistas replegados, sin coraje. A días del alejamiento de uno de los gobiernos más ignominiosos de nuestra historia, y a días de la asunción del gobierno más insípidamente esperanzador que nos tocara en suerte, la tristeza llegó para quedarse y contagiarnos su lepra sin vacuna.
   En la cuenca del plata ya nadie ejercita los antiguos hábitos de la memoria y la hidalguía, apenas unas locas, madres, y unos cuantos "guachos" que instauraron el "escrache" como modo de protesta. Los mismos que en el ‘73 le dieron la espalda a toda una generación que hablaba de "dependencia", hoy son los jubilados que salen a pedir clemencia al mismo sistema del que antes fueron aliados. Alpiste. "La capacidad de olvido es una fuerza activa, y no meramente pasiva".
   Y en ese mar de fondo navegamos. Animales del instante y la insignificancia, gesto sin futuro. Hombres que perdieron el rumbo y la capacidad de preguntarse. Mujeres que cedieron el sentido de la historia y se reconcentraron en las apartadas tapias de lo doméstico.
   Algunos creen y rezan, la mayoría no puede. Ni Dios es convincente cuando habla en la voz de sus pastores. El hambre es el opio de los pueblos.

   Año 2000. Venado se revuelca en la crisis. La misma que nadie imaginó ver desembarcar en estas prestigiosas costas aradas.
   Venado Tuerto, la adolescente pretenciosa que se tomó en serio el cuento del tío con plata, perdió la virginidad y sus encantos quinceañeros. Hoy revolea la cartera por dos mangos con cincuenta y se pinta los labios de rojo furioso. La sangre llegó al río, y el tío es un cafisho que se nos metió en la cama. Y nosotros como si nada. Pero está probado: "el coraje no se hereda".
   El espejo que nos devolvía la imagen de isla elegida estaba fallado y, como a cualquiera, nos entran las balas.

   Existe una vieja tradición caribeña que dice que el 31 de diciembre a la noche, todo el mundo debe ir hasta la ventana de su casa y tirar un balde de agua a la calle. De ese modo cada uno tira los restos del año viejo y se presta a recibirlo con el balde vacío, lleno de expectativas. Sin rompeportones ni fuegos artificiales, cuando suenan las 12, en silencio, al unísono, se asoman a desvencijados balcones que en algún momento fueron esplendorosos y con toda la fuerza arrojan el agua en una rara combinación de protesta y esperanza. Son cientos, miles de pequeñas cataratas obstinadas en brillar y empapar las calles que minutos después pisarán autos, bicicletas y zapatos.
   No es un mal ejemplo el que propone esta tradición. Nuestro lastre no es menor y bien podríamos intentar desprendernos de la dimensión de muerte que nos aterra y nos paraliza. Barajar y dar de nuevo. Eso es lo que en silencio hace Atilio Perín con su semillero de cineastas apasionados, revitalizando la ciudad con ilusiones de ser otra cosa.
   Y es eso exactamente lo que uno respira cuando pasa por el Estudio 58.

   Pero nada es fácil. Desde las novelas de Flaubert, la necedad es una extensión inseparable de la existencia humana, acompaña al hombre a lo largo de toda su vida, hasta en su lecho de amor, y hasta en su lecho de muerte.
   Por eso no sería nada malo meternos las manos en los bolsillos y disimuladamente tantearnos la entrepierna para comprobar si todo sigue en su lugar. Más de uno puede llegar a sorprenderse. Al fin y al cabo, nunca somos lo que creemos ser. Tal vez sea una buena oportunidad para salir de estreno.