marzo 2000
Nro 33
PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO:

León Rozitchner - César Shwank - Carlos Einisman - Hugo Vázquez - Alejandro Sarbach - Gisella Heffes - Gabriel Valansi - Paul Citraro


  • Arte de Tapa:

  • DISEÑO: DG:  Angelina Araiz
                     DG:  Javier Pighin

INDICE




EDITORIAL

 
 
La herida que no cesa
                    a 25 años del golpe de estado
N. de la R. 
"Males como la técnica de la desaparición no son 
enumerables ni cuantificables. No existe reparación posible.
La humanidad ha quedado herida para siempre."
Héctor Schmucler, Arte Facto Nº 3

   Un día como hoy, que recordamos gris, el país fue un aquelarre humeante del que ya nunca nos dejarían de llover sus pesadas cenizas. Un día como hoy, los ordenanzas del orden externo hacían una nueva reverencia al capital y sometían el país a la histeria prusiana del acero. Cuatro patanes sin valor. Cuatro hombres ordinarios con poder extraordinario. El destino, como un remedo cizañero de Heráclito sería un río crecido que se llevaría lo que fuimos para que nunca más nadie se bañe en aguas dulces.
   Héctor Schmucler, en su brillante ensayo sobre la construcción técnica de la desaparición de personas, El olvido del mal, aclara un equívoco frecuente entre los argentinos: la congregación militar, en la Argentina, no es necesariamente un cuerpo extraño al conjunto de la Nación. Y uno, a riesgo de ser anacrónico, vuelve sobre un tema remanido. Pasa que después del golpe del 24 de marzo del ’76, nada fue lo mismo.
   Aquello que pudimos ser o continuar, no sería, ni podemos imaginarlo siquiera, devinimos esto que hoy somos: carne trémula, herida sangrante, hueco óntico sin sentido propio, expresión de una estocada ajena e indigna que todos los días nos recuerda lo que fuimos y dejamos de ser, en nosotros que no fuimos otros, en nuestros hijos que en sordina nos reclaman diferentes, en las instituciones que se derrumban e implosionan por la pus de una inmoralidad impúdica.
   Como las mujeres del film Pascualino siete bellezas y del propio Pascualino en la piel de Gian Carlo Giannini, Schmucler nos recuerda que "ser sobreviviente, en tales condiciones, no es simplemente mantener la vida, estar vivo, sino ser una positividad negativa: un no-muerto".
   Son las heridas de siempre, las que nos debemos. Pero ¿quién reconoce que "la violencia argentina fue producto –entre otras causas– de un ascendente y consciente objetivo perseguido por formaciones políticas que veían en la guerra el único camino posible para el logro de las ideas"? ¿Quién está dispuesto a aceptar que "el desaparecido" fue la moneda de cambio con que pagamos las cuotas de toda la batería de electrodomésticos que nos hacen más "liviana" la vida? ¿A quiénes expresan las llamadas que en medio de la noche suenan en la casa de familiares de desaparecidos diciendo que aquellos chicos a los que cuesta retenerles los rasgos, están vivos? ¿Cuál es la traducción política de esa perversión?

¿Cómo se recupera una nación de semejante quebranto espiritual?
El dolor es invisible, pero no tiene un par en los sentimientos.