mayo 2000
Nro 35
PARTICIPAN EN ESTE NÚMERO:

Gustavo Cosacov - Diego Tatián - Rebeca Hillert - Vilma Simioni - Rodolfo Aldasoro - María Elena Sayago - Loïc Wacquant


  • Arte de Tapa:

  • DISEÑO: DG:  Angelina Araiz
                     DG:  Javier Pighin
               FOTO:   Antonio Arabel

INDICE


  • EDITORIAL

  • Sobre el desencanto - N. de la R.
  • LLEGARON ANUESTRA REDACCION

  • Coplas de libertad - María Elena Sayago
    Las cárceles de la miseria - Loïc Wacquant
    Acerca de la democracia - Gustavo Cosacov 
    Notas sobre democracia y descanto - Diego Tatián
  • SUPLEMENTO DOCENTE

  • El tren de los adolescentes - Rebeca Hillert
  • NOTICIAS DEL MUNDO

  • Y seguíamos creciendo - Vilma Simioni
  • POR AQUI PASARON

  • El indio apachaca - Rodolfo Aldasoro



EDITORIAL

 
 
Sobre el desencanto
                  N. de la R. 

   La mañana del jueves 1º de julio de 1999, por la ruta provincial 33, desde el Rosario, una camioneta gasolera ingresaba a Venado Tuerto por la Avenida Chapuis. En la parte trasera, como el sarcófago del Barón Drácula en busca de su tierra, llegaba el Nº 25 de la Revista Lote. Después de haber conmocionado con la aparición del número aniversario, en el que por primera vez en la Argentina se publicaban los únicos archivos sobrevivientes de la dictadura militar sobre la investigación y desaparición de personas, el título de tapa de este nuevo número, Contra la Democracia, amenazaba y prometía el análisis y el debate de un tema por lo menos urticante. Acompañando el título de tapa, aparecían los nombres de un grupo de pensadores de primer nivel: James Petras, Nicolás Casullo, León Rozitchner, Héctor Schmucler, Ricardo Forster, Horacio González y Hebe de Bonafini.
    El miércoles 28 de julio, en Malasartes café-bar, se presentaba el número en Buenos Aires con una mesa redonda integrada por: Nicolás Casullo, Horacio González, Ricardo Forster y León Rozitchner. Entre el humo, el bullicio y cervezas con maní, dispersos entre el público, gran parte de la intelectualidad argentina. Entre los muchos presentes, dos para destacar: Reynaldo Sietecase y Adrián Vila. De ellos surgió la idea de hacer un libro. La democracia sospechada (en torno a una ilusión), es el título y a los autores mencionados se sumaron: Hugo Quiroga, Gustavo Cosacov, Diego Tatián y Horacio Tarcus, en este número se reproducen dos de esos trabajos.

 

¿Por qué la democracia?

   Martín Caparrós, en una entrevista realizada por Javier Trímboli, y que de algún modo ha servido como disparador para el desarrollo de este tema, decía: “tengo muy poco claro el asunto de la democracia, es un tema que veo fuertemente afectado por el mal de la época, que creo se define por la ausencia de respuesta ante la pregunta por lo que se propone a cambio de lo que se objeta. Una relectura crítica de la democracia supone la posibilidad de proponer un modelo que pueda suplantarla. Estoy totalmente convencido de que habría que suplantarla, pero no tengo la menor idea de cuál es el modelo deseable capaz de suplantarla. Aquí está el nudo de la cuestión. Yo tengo muy claro que la democracia no funciona. Me parece que es una obviedad que se evidencia incluso a través de los más bajos argumentos empíricos. Hace unos días chequeé una cifra que no podía creer: este mundo en el que la democracia es el valor predominante, permite que cada dos segundo un chico muera de hambre o de enfermedades curables. Esto pasa en un mundo dominado por la democracia: el sistema no debe ser muy bueno. Sé que es un argumento sentimentalista y poco sofisticado, pero es un dato a tener en cuenta. Este sistema es repudiable”.
  Acompañando las palabras de Caparrós uno puede preguntarse: ¿es necesario saber con qué suplantar a la democracia para abordarla críticamente?, ¿está mal ser un sentimentalista? Si la referencia para situarnos críticamente es la subjetividad amonedada a la que nos confina el poder, estamos perdidos. La ausencia de respuestas es un mal proveniente de la falta de preguntas, de la inexistente intención de generarlas. Hasta ese lugar hemos cedido, ahora ¿qué nos queda?