Un díalogo con Ernesto Laclau

La política ¿un proyecto emancipatorio?

 

 

Carlos Gazzera, Sebastián Barros

 y Alejandro Groppo

Especial para LOTE

 

Ernesto Laclau es hoy uno de los pensadores más importantes de la política teórica. Radicado en Inglaterra desde hace más de cuarenta años, ha sabido desarrollar una teoría política con peso propio. Uno de los puntos más importantes de esa teoría pasa por su relación con el análisis del discurso. De allí que la correspondencia de la política –y por extensión todas las ciencias sociales– con la retórica sea central [ver recuadro]. Toda la Teoría de la Hegemonía de Ernesto Laclau puede leerse como una actualización del proyecto emancipatorio de la política moderna, siguiendo la tradición propuesta ya, a comienzos del siglo 20, por Antonio Gramsci. Para esta teoría, las nociones de “Universal” y “Particular” son centrales ya que las prácticas políticas pueden leerse en su tensión entre estos dos extremos. Así como “Igualdad, Libertad y Fraternidad” constituyeron los pilares universales de la modernidad, hoy sabemos que esos universales se desvanecieron en el aire –siguiendo la idea de Marx– al constituirse en prácticas políticas particularizadas.

Invitado por la Universidad Nacional de Villa María, con el auspicio de la Agencia Córdoba [Cultura], la Dirección de Cultura del Gobierno de Córdoba y la Facultad de Lenguas [de la UNC, Ernesto Laclau dictó un curso en Córdoba titulado “Nuevas reflexiones sobre ética, democracia y populismo”, los días 23 y 24 de julio.

 

La cuestión del poder

Empecemos por la cuestión del poder, ¿le parece? El pensador inglés John Holloway planteó la posibilidad de una política contemporánea en la cual se deje de lado la cuestión de la toma del poder. ¿Cuál es su postura al respecto?

Pienso que es un planteo fundamentalmente erróneo. La cuestión del poder, que en el sentido clásico, significaba la toma de edificios, de estamentos gubernamentales y cosas por el estilo, y el partido como órgano de esa mediación política, está claro que, como fórmula, han caducado totalmente. Pero esto no significa, de ningún modo, que vaya haber una confluencia natural de todas las luchas sociales de tal forma que el momento preciso de cambio de régimen político o de Estado, no llegue a ocupar ningún rol. Para dar un ejemplo: la posición de Toni Negri y Michael Hardt ha sido que hoy en día ya no tenemos un Imperialismo Americano, sino que sólo tenemos un Imperio, con el cual ya no hay posibilidad de confrontación política en el sentido clásico. Creo, por lo contrario, que todo lo que está ocurriendo en el mundo desde el 11 de septiembre de 2001, es una muestra clara de que las luchas políticas no han perdido relevancia y que el momento de la articulación política continúa siendo fundamental. Aunque esa articulación, sea diferente, no se puede decir que haya perdido relevancia la cuestión del poder.

Los sectores populares ¿cómo articulan sus luchas para llegar al poder? ¿Para llegar al poder, los sectores populares deben buscar el “asalto” al poder o bien deben construir nuevas opciones políticas por fuera del poder? ¿Se puede construir algo por fuera del poder?

No creo que sea posible construir algo “fuera-del-poder”. Creo, sí, que en toda identidad política hay una relación de poder que es absolutamente constitutiva e imposible de erradicar. Por ejemplo, si seguimos el análisis de Hardt y Negri, se conduce a pensar que de alguna manera hay una espontaneidad por la cual todas las luchas separadas van a confluir en un punto de ruptura. Pienso que eso no es así. Las luchas políticas y sociales se organizan siempre a partir de momentos específicos y la universalización de esos momentos específicos requiere prácticas políticas articulatorias –que yo llamo hegemónicas–, muy concretas. Y sin esas prácticas no hay política, y finalmente, no hay ninguna práctica emancipatoria.

 

El valor de la Multitud

Ya que ha citado a Toni Negri y a Michael Hardt, ¿cuál es su punto de vista respecto a la idea de multitud que plantearon conjuntamente en el libro Imperio? ¿Habría alguna diferencia con la idea de pueblo presente en el discurso populista?

Diría que toda la diferencia. Yo estoy profundamente en desacuerdo con el análisis de Negri y Hardt. Ellos han tratado de centrar todo su análisis en la especificidad de las situaciones de lucha, con las cuales yo no estoy en desacuerdo, claro.  Pero ellos, al mismo tiempo piensan que hay un proceso automático por el cual las distintas luchas sociales van a confluir en un centro unificado sin ningún tipo de mediación política. En consecuencia, habría en esta perspectiva de Toni Negri y de Michael Hardt, un vaciamiento general de la política. Desde mi perspectiva, ocurre todo lo contrario: la articulación política es, en este momento histórico, absolutamente fundamental...

¿Cuáles son, entonces, las perspectivas teóricas que los separan a usted de Negri y Hardt? ¿Qué tradiciones de lecturas filosóficas y políticas son las que estarían en la base de sus desencuentros?

Bueno, ellos tienen una imagen de lo que llaman “inmanencia” que les viene de su adhesión a la filosofía de Gilles Deleuze, en la cual el momento de la “negatividad” no ocupa un lugar central. Por el contrario, en mi perspectiva teórica, el momento de la “negatividad” es la base de mi teoría de los antagonismos.

 

Los nuevos universales

Se acaba de editar en la Argentina su último libro en colaboración con Slavoj Žižek y Judith Butler, Contingencia, Hegemonía y Universalidad. Más allá de las coincidencias entre los tres enfoques, ¿cómo sintetizaría usted las diferencias que separan a su Teoría de la Hegemonía del enfoque lacaniano de Žižek y de la postura feminista de Butler en relación al análisis de lo político?

Respecto a la teoría lacaniana, yo no tengo grandes desacuerdos fundamentales. Esto, sin embargo, es muy distinto a decir que tengo coincidencias con la lectura de Lacan que hace Žižek. Su enfoque trata de asimilar el psicoanálisis lacaniano a la dialéctica hegeliana. Y con este particular enfoque tengo puntos de desacuerdo fundamentales, tal como se podrá apreciar en este libro que ahora se publica. Somos muy amigos con Žižek, pero tenemos muchos desacuerdos, que no escatimamos –claro– en mostrar. En el caso de Judith Butler, el asunto es diferente, ya que para ella se trataría de una demanda de un “multiculturalismo” extremo, donde no hay universalización de los significantes políticos. Es decir la política como construcción colectiva –lo que antes he llamado articulación– aparece relegado a un segundo plano. Cada lucha aislada es una lucha en sí misma. Ahora yo pienso que esa no es la forma correcta de pensar los antagonismos sociales, como por ejemplo el caso de Solidaridad en Polonia, donde todo comenzó como una lucha de obreros. Pudimos ver allí, en la Polonia de los ’80, cómo un conjunto de demandas muy particulares de un conjunto de obreros al transcurrir en el contexto de una sociedad altamente represiva, pasaron a ser el símbolo de una demanda de cambio universal, de cambios globales.

¿Qué motivaría ese pasaje de una particularidad a una universalidad?

Para mí el problema de la universalidad no pasa ni por la afirmación de un universal que sea independiente de las luchas parciales, tal como lo plantea Žižek, ni por el caso de un particularismo extremo de las demandas que excluye la dimensión de la universalidad, tal como lo piensa Judith Butler. En un nuevo libro que estoy escribiendo ahora, que se llama Universalidad elusiva, trato, justamente, de demostrar cómo una articulación hegemónica entre lo particular y lo universal presenta una alternativa teórica y política diferente.

¿Podríamos decir que en este nuevo libro que escribe vuelve a su centro teórico para revisar su Teoría de la Hegemonía en torno al problema de las diferencias y las desigualdades? ¿Se trataría de pensar un universalismo que sintetice no solo las diferencias sino las desigualdades?

Eso es absolutamente central. Considero a mi obra como un esfuerzo por relanzar el proyecto emancipatorio en términos de la problemática del siglo 21. Mientras que el proyecto emancipatorio tal como vino del período que conocemos como Iluminismo y tal como fue re-elaborado en el socialismo clásico, el universalismo tenía un contenido absolutamente preciso en términos de definiciones esenciales. Ahora se trataría de pensar cómo se relacionan entre sí contenidos que ninguno de por sí son universales, pero que a través de su interacción concreta, permiten visualizar la emergencia de cierto carácter de universalidad.

 

La retórica y las ciencias sociales

En Misticismo, Retórica y Política usted ha ampliado de manera más sistemática el análisis del discurso hacia el campo de la retórica. ¿Como ve usted la relación entre la retórica y las ciencias sociales en un futuro no muy lejano?

Yo creo que la retórica tiene un papel fundamental que cumplir en relación con las ciencias sociales porque éstas, sostengo, deben reconstituirse como ciencias retóricas. La retórica tiene una larga tradición: la de haber sido considerada un adorno del discurso. En ese sentido, como toda la ontología tradicional, la retórica occidental se edificó alrededor de categorías que están explícitamente desarrolladas en la Física de Aristóteles, la retórica aparecía como algo puramente externo. Ahora, en el pensamiento contemporáneo prima la idea de que un significante no coincide exactamente con un significado preciso y esta manera de entender el lenguaje ha pasado a ser la relación ontológica fundamental. Entonces, la retórica ha ampliado sus perspectivas teóricas y por ello, esta disciplina es, sin ningún tipo de exageración, el campo en donde se estructuran las relaciones entre los objetos.

 

 

 

Carlos Gazzera es docente e investigador de Literatura Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Nacional de Villa María. Se dedica al periodismo cultural en diversos diarios y revistas del país.

Sebastián Barros es docente de Teoría Política II de la Universidad Nacional de Villa María. Es egresado del programa de Essex y su tesis doctoral fue dirigida por Ernesto Laclau. Hay una versión en español publicada por la Editorial Alción de Córdoba con el título: Orden, Democracia y Estabilidad. Discurso y política en la Argentina entre 1976-1991.

Alejandro Groppo es docente de la carrera de Sociología de la Universidad Nacional de Villa María. Es egresado de Essex y actualmente dicta cursos de postgrado en Inglaterra y en distintas universidades de Argentina.

 

 

¿Quién es Ernesto Laclau?

Ernesto Laclau nació en Argentina en 1935. Desde 1977 enseña Teoría Política en el Departamento de Gobierno de la Universidad de Essex, Inglaterra. En 1990 fundó el Centro de Estudios Teóricos en Essex que se convirtió, muy rápidamente en uno de los centros de estudios políticos más importantes y reconocidos de Europa.

Ernesto Laclau ha dedicado su vida a la enseñanza académica, dirigiendo casi cuarenta tesis doctorales. Entre sus más importantes textos figuran; “Política e ideología en la teoría marxista” (1977), “Hegemonía y Estrategia Socialista”, en colaboración con Chantal Mouffe (1987), “Nuevas reflexiones sobre la revolución de Nuestro Tiempo” (1990), “Emancipación y diferencia” (1996), “Misticismo, Retórica y Política” (2000) y “Contingencia, Hegemonía y Universalidad” (2003), en co-autoría con Slavoj Žižek y Judith Butler.

 

 

Contingencia, Hegemonía y Universalidad

Publicado por Fondo de Cultura Económica, escrito en colaboración con Butler y Žižek, y que Ernesto Laclau presentara en su traducción al castellano en Argentina.

Este libro, escrito por tres de los más brillantes pensadores contemporáneos, tiene por objeto discutir y reflexionar sobre algunos de los más relevantes problemas de la filosofía y la política actuales. Judith Butler, Ernesto Laclau y Slavoj Žižek, cada uno de ellos desde una posición singular, entablan en sus páginas una polémica que confirma el rigor y la lucidez de sus intervenciones críticas, sin que por ello las diferentes perspectivas constituyan obstáculo alguno, sino más bien, una forma de enriquecer el debate y fortalecer las ideas.

Este libro puede considerarse, sin más, un verdadero aporte al proyecto democrático antitotalitario y radical, sin la satisfacción de omitir la reflexión sobre aquello que obstaculiza las condiciones de posibilidad de un pensamiento y una práctica política emancipatoria en el momento actual.