El arma en verso

 

  

De una punta a la otra de la verdad,
voy a levantar tu nombre, como si fuera mi brazo derecho.

Francisco Paco Urondo, Del Otro lado (1967)

 

Francisco “Paco” Urondo, este año, en junio, se cumple 30 años de su muerte en manos de la dictadura más asesina.

Urondo era un Poeta. De aquellos que te llegan hasta el tuétano. Pero para Urondo todo era secundario frente a la necesidad, urgente, de terminar con la injusticia social, todo, incluso su vida. Tenía una enorme trayectoria literaria antes de emprender, siguiendo el camino de su hija, la militancia revolucionaria:

 Aquí nadie/ tiene derecho a distraerse,

 / a estar asustado, a rozar /

la indignación, a exclamar su sorpresa.

escribió alguna vez. Cuando estaba preso durante el lanussismo, Walsh dijo de su amigo y compañero que “llegó a ser, cuando todavía era un poeta, un seductor, un viajero, antes de perder algunos kilos y ganar todo ese espacio de que hoy dispone en Villa Devoto.”

Además de artista, era un intelectual agudo, lúcido y crítico. Pero no era un inspector de revoluciones. La revolución, no se hacía con proclamas airadas desde París. Para Paco había que tomar las armas, no bastaba con la letra, por más certera que fuera. Lo sabemos crítico con la misma agrupación que decidió su despliegue en Mendoza, lugar en que lo encontró el aparato de muerte que ya era ubicuo. Pero sabía que quienes no actúan tampoco se equivocan…

No se puede, en un país que no es sino en el resultado de sus tragedias, preguntarse qué sería de él si…. Nos resulta difícil verlo, cómodo, dando reportajes a eñes y radares, seminarios de poesía latinoamericana en muy europeas ciudades; criticando a George W desde académicos escritorios o más incómodas, pero más divertidas, marchas globofóbicas.

Sabemos sí, que hoy no es ni si quiera un poeta reconocido por academias ni críticos y literatos de palermísimos salones. Tampoco la moda lo ha editado para temporarias vidrieras con olor a café caro. Cuesta incluso encontrar un libro suyo. Será porque todavía incomoda, porque nos sigue diciendo que todavía

…es hora de perder/ la inocencia, ese / estupor de
las criaturas que todavía / no pudieron hacerse cargo/
de la memoria / del mundo al que recién nacieron.//
 

será porque su palabra es el arma justa…