El enemigo interior

 

  

Por Leonardo Sai.

 

“El Rock fue el anfitrión de aquella noche y debe sentirse responsable, al menos, en un plano moral”

Sergio Marchi “El Rock Perdido”

Le mond diplomatique

 

“Mira a los líderes que hemos seguido...”

Axl Rose. “Usa tu ilusión II”.

 

Nuestro ensayista porteño traza en algunos pensamientos sobre el caso Cromagnon, Ibarra, Callejeros, Chabán, los chicos muertos. La cristalización de la hipocresía argentina y la falta de proyecto social.

 

La potente impotencia (1).
El revés de la escena socava el guión cotidiano: es el verdadero espectáculo. El mundo mercantil es apariciones invertidas. En la superficie un mundo para ociosos se prepara. Son la resaca del siglo XX (2). Verán el siglo pasado con el asombro de una anciana que teje un pulóver: demasiado cómodos, demasiado libres. Ya todos saben lo que hay que saber y nadie cesa de burlarse. El pensamiento tranquilo no es nuestro pensamiento. No pensamos panza arriba en unas piscinas y llamamos a esto grandeza de espíritu. Nuestro pensamiento tiene el nervio de la vida: la política que pulsa esta tecla espera, reservadamente, su escritura, es decir, su producción social. La despolitización se expone a sí como tragedia social. El reflejo apolítico de 193 muertes es el intento fallido de explicar el caso Cromagnon desde subculturas, antropologías urbanas, periodismo musical y psicología rápida. Busca responsabilizar a los individuos, con micrológicas de grupos, cargando el peso sobre ellos de las disfunciones del orden social. Son formas de supresión de las relaciones entre política y cultura. Lo decisivo, para esta reflexión, es el elemento de protesta: protesta por parte de quienes carecen de poder. Sin constitución de poder, se someten al señor de la muerte: el juez, el Estado, el dios. El poder del Estado no es del Estado sino poder social enajenado. Retorna, como un fetiche, en una superficie llena de objetos e individuos. Y los nuevos Cromagnon corren la mesa para que baile sola: los periodistas sienten su cuotita de responsabilidad por el negocio. Culpan a la mercancía y a su movimiento por el bien y la calidad del producto cultural: la mercancía juventud. El poder de la protesta social es curar al cocainómano de su adicción al tabaco. Por eso se desplaza en un infinito de pedido de reforma en reforma suprimiendo el mecanismo constitutivo de su ilusión y esperando la salvación en representaciones mejores, esto es, su síntoma.

 

Pliegues—. El 2001 es el punto. Y existe el infinito: infinito de la riqueza, del trabajo humano acumulado. El infinito tiene que ver con el punto: el punto es tal como síntesis de multiplicidades que se desplazan y abren en torno a él: micrópilos en los llanos verdes.  El infinito y el punto se entrelazan, comienzan a despuntar una pregunta, a interpretar una respuesta: ninguna sociedad duda de un concepto inexistente. Una pregunta solo es posible si existe una respuesta en el horizonte cultural de una determinada época. Nuestra sociedad se preguntó masivamente por los desaparecidos cuando la dictadura que los desaparecía había terminado. Mientras no pudo hacerlo se sostuvo en el “por algo será” “algo habrán hecho”. Esta misma sociedad se preguntó por la corrupción cuando el gesto básico del menemismo, esto es, la obscenidad de su disfrute, la desmesura de su deseo, la indiferencia por cualquier adoctrinamiento, la llevó al límite de su desintegración: Alianza fue la condición de la pregunta, la sociedad había fabricado en su interior su propio contraste.  De la Rúa no fue límite ni absolutamente nada: Duhalde fue el modo que encontró –un golpe de estado disfrazado– cuando se preguntó si podía ejercer su soberanía y echar a patadas a un senil, un autista, un imbécil que no se desprendió del anillo sin matar. Hace pocos días Kirchner la libera de su deuda con el FMI: la sociedad se preguntaba si podía vivir con lo suyo y llamarse a sí misma Argentina y no Argentinita. La clase política se oxida en el mundo entero. Hay un run-run: falta una pregunta masiva acerca de la posibilidad de una democracia participativa: el nuevo sentido de una política de mayor complejidad e inteligencia que la anterior.

 

Positivismo jurídico
 ¿Por qué la población ha sido tan compasiva con Aníbal Ibarra? Por un corralito se comían viva las vísceras del rey. Todavía se escuchan quienes recuerdan que habían usado un baño como guardería: quieren justificar su racismo. Cromagnon actualizó la estructuración de una práctica socialmente legitimada, llamada “descontrol”, en donde se acontece en fenómeno que los viejos antropólogos llamaban “efectos no deseados de la acción” Cromagnon no era una imposibilidad sino un efecto posible y conocido pero no querido. Cargar todo el peso a unos músicos, hacerlos responsables de un fenómeno que los sobrepasa, escenario que involucraba a sus seres queridos, forma parte de una historia muy conocida y habitual de nuestra sociedad: desaparecidos, Malvinas, desocupación, Cromagnon. Crear condiciones para matar jóvenes fascina a la sociedad argentina. Los moralistas correspondientes hablan de la Ley y la quieren hacer sentir sobre “unos callejeros”. No sobre la ley misma, esto es, sobre su ineficiente jefe de gobierno y dueño del local. Chabán debió haber cancelado el show al minuto de la advertencia no cumplida. Esencializaban el público no solo como “negros cabezas” sino bajo la misma “esencia” que esos pibes habían hecho cuerpo. Si el grupo Callejeros va preso entonces ¡mandemos presos a todos los jugadores de fútbol que piden a los barrabravas que festejen sus goles como apología de la violencia! Solamente un derecho sin contenido sociológico puede emitir tales sentencias.

 

Absurdo alaga

 ¿Y qué hace “la oposición”? Lo que se percibe como tal se percibe también como recesiva, es decir, sin capacidad de trabajo, esto es, negociación, pensamiento, diálogo o, mejor dicho, política. La política no es el partido. La política es el modo en que el deseo compone lo existente. La oposición, elementalmente, Carrió, López Murphy y las Izquierdas Unidas y sin unir emulan el discurso que llaman oficial como antagonismo sistémico. Al no poder componer nada con las fuerzas vivas se llenan de fundamentalismos, principios, arcaísmos de todo tipo, fetiches, es decir, se atan a lo muerto. Son momificaciones, un tiempo que se quedó sin tiempo. Son destructivos como consecuencia. No existen sólo porque “Kirchner ha co-adjuntado la oposición, la ha disuelto, capturado, vuelto funcional, digerida, masticada, metabolizada” ni en el congreso ni en “el pueblo” en provincia ni en “la gente” en Capital. Repito: la oposición desea nada, desea un fetiche, nada vivo: “la Revolución”, “la República”, “El contrato”. ¿Qué es todo eso? ¿Qué quieren decir cuando “Kirchner copta la oposición”? ¿Acaso inventó un chip para el Sí Néstor? ¿Es una traidora Graciela Ocaña? Noticia vieja y aleccionadora. ¿O simplemente aceptaba trabajar con y en lo existente sin subsumirlo o desvalorizarlo en algo ideal sino apresándolo con compromiso concreto? Hay que salirse del dilema “esta uno a favor” o “se está en contra”. Importa estar de pie.

 

Hybris. Con Callejeros y Chabán se intenta hacer pagar el precio de un exceso colectivo gozado por la sociedad civil toda para la tranquilidad de su buena conciencia. Sin justicia para el caso Cromagnon un sector considerable de nuestra sociedad seguirá culpando a los muertos por su muerte. Luego, argumentaran que el control social es necesario e indispensable porque “no se pueden cuidar a sí mismos”. Esto no sucede porque existe algo inherente que se los impide. Obsesiona como martillo: ¿Cómo componer unas formas políticas legítimas y organizativas para esta sociedad que se diluye como gusano arrastrado, semi-desintegrado, en un vaso lleno de fría birra espumosa?